lunes, 18 de junio de 2012

El elixir de la eterna juventud

Por alguna foto que he colgado en las redes sociales, ya sabéis que he estado este fin de semana en La Herradura (Granada), en un Hotel de cuyo nombre prefiero no acordarme, porque no nos facilitaron precisamente las cosas, coordinando y haciendo de maestro de ceremonias de un Outdoor para casi 200 almas de una ONG andaluza. Casi 200 almas que fueron llegando el viernes por la tarde y se marcharon el domingo a las 15:00, momento en que clausuramos. Entre ellos, unos 40 eran personas con discapacidad física o intelectual. Personas de las que he aprendido mucho, pero no sabéis cuánto, este fin de semana.

Cuando le cuentas a alguien que te vas un fin de semana a un Hotel a la costa, con todo incluído, para montar un Outdoor con jóvenes de una ONG, lo primero que oyes son expresiones del tipo ¡qué chulo! ¡qué guay! Bueno lo de guay ya te lo dice gente que pasa de los 40, casi como yo. Claro, es fácil pensar que te vas a un Hotel a hacer dinámicas, con todo incluido, con piscina, la playita cerca, ... suena bien verdad?...

Pues no!! Si eres uno de los participantes, a disfrutar y a aprender. Pero amigos, para que estas cosas salgan bien, alguien tiene que diseñarlo, llegar, ver que el espacio que te habían prometido es menor, rediseñar, pedir que te dejen usar otras zonas del hotel, escuchar que te dicen que no, re-rediseñar, comprobar que el Hotel no está "a pie de playa" sino a un par de kilómteros, re-re-rediseñar,  montarlo, comprobar que el micrófono no funciona y dejarte la voz, preocuparte por dos cafres que en las dinámicas casi se dejan el hocic... que diga la boca, y un largo etc. de circunstancias que implican varios re-re-re-diseño más, hacen que sea un fin de semana, sobre todo, agotador. Desde que llegas hasta que terminas de cargar el enorme coche (Grandvoyager) del material que se ha usado, pierdes unos tres kilos y varias horas de sueño.   

Pero como uno se va haciendo mayor y va siendo ya perro viejo, y para algo da clases también de negociación por intereses, desde el principio tuve una idea fija.

La historia empezó el jueves por la mañana, momento en que mi amigo y varias veces nombrado ya por aquí Arturo me llama y me dice que le habían pedido organizar esta movida, pero que por diversas circunstancias no puede hacerlo, así que qué tal si yo me hago cargo de desempeñar el que iba a ser su papel. O sea que es jueves, y tengo que decidirme rápido porque en menos de 24 horas hay que salir. Vaya vaya... hago mis cálculos, y pienso en aquello del ataúd, la cometa, y mi cuenta en el banco. El jueves por la tarde tenemos una reunión con el que nos solicita la colaboración. No lo conocía de nada, ahora puedo afirmar que es un tipo muy recomendable. Cuando nos sentamos y me cuenta la historia, le pido dos cosas, unos honorarios concretos, y una segunda petición importante: que me deje llevarme a mi mujer y a los dos pequeños. Incluyo a Susana como monitora de alguna de las actividades si hace falta, sin coste adicional.

Sonó raro, me puso cara rara, pero también le dije que me resultaba complicado aceptar con tan poco margen y dejar sola a Susana con los niños. "Si lo cerramos, no te vas a arrepentir". Órdago a la grande. Además, sabía por Arturo que ya contabamos con un crack de las dinámicas y el Outdoor para los re-re-re-re-diseños, mi amigo Alejandro, que también venía.

Así que, como el margen de tiempo era tan escaso, como podéis imaginar, el viernes por la mañana, una vez organizado todo lo que se quedaba aquí, dentro de mi coche, camino de Granada, se podía ver a Susana, un niño de cinco meses, otra de dos años, otro de 32 (Alejandro), el que les escribe, 20 aletas de buceo, cinco troncos de madera, dos juegos de puzzles, infinidad de cuerdas, pinturas, unos tablones, sacos, cartulinas, meteoritos, globos, tres bocadillos, biberones, equipaje, un carrito de bebé, material audiovisual, un "levanta" para una niña de dos años, un DVD de Dora la Exploradora, y metrial didáctico fungible.

Impresionante. Dudo mucho que vuelva a ver en mi coche todo eso junto.

La verdad es que el fin de semana fue apasionante, el aprendizaje mutuo permanente, especialmente de las personas con discapacidad (tres carcacterísticas: superación continua, personas sin prejuicios, disposición permanente a la cooperación), la energía permanente, y un largo etcétera.

Al principio, chocó que aparecirera con la prole. En mis primeros cinco minutos de intervención expliqué entre otras cosas, la importancia de conciliar trabajo-familia, "y como muestra un botón". El planteamiento gustó a la institución y a los asistentes.

De hecho, sólo vi a mi familia en el desayuno-almuerzo-cena y en el momento de ir a intentar dormir. Pero amigos, ése es el elixir de la eterna juventud. Yo ya lo sabía, por eso acepté, por eso insistí. Esos momento me daban una fuerza, un descanso mental, y una motivación espectacular. Por cierto, como en el comedor coincidíamos todos, pronto los peques se convirtieron en foco de atracción general. Fotos, besos, piropos, ... y muchas frases del estilo "anda que no me acuerdo yo de mi niño/niña". Pues eso es bueno, que te acuerdes siempre mucho, les contestaba yo.

Lucha por lo importante, prioriza lo imprescindible.

Fin de semana espectacular. Fue un éxito de crítica y público. Mucha diversión, Mucha reflexión, y mucho mensaje. Dicen que se me veía hipermotivado e implicado.
Pues claro, ya sabía quien me esperaba a cenar.

Hoy estoy casi sin voz y bastante cansado. Pero con la satisfacción del deber cumplido. Feliz. Con un pequeño paso más caminado.     

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